Durante el último siglo, la arquitectura ha cambiado sustancialmente debido a la introducción de nuevas tecnologías, y a nuevas visiones de la construcción.
La industrialización es un método de globalización, y posibilita el uso de elementos de fácil reproducción, con precios accesible y modelos estandarizados. Esta estandarización, acentúa las diferencias entre el campo (lo tradicional) y la ciudad (el desarrollo). En definitiva, el acceso a grandes producciones industriales, frente a las pequeñas escalas artesanales, ha marcado la diferencia entre la economía rural y la urbana.
La ciudad evoluciona por la modificación de escalas, infraestructuras y diseño, gracias a su capacidad productiva y a la gestión burocrática de sus servicios, mientras tanto, el pueblo se estanca y vacía paulatinamente, pierde su población a favor de las ciudades que ofrecen recursos que el pueblo no tiene.
A fines del siglo XX se redescubren las zonas rurales, y comienza un proceso de revalorización de los pequeños espacios, por oposición a la insostenibilidad de la vida en la ciudad. Pero se busca un implante en la zona rural, trasladando los métodos de la ciudad, recurriendo a estructuras prefabricadas, que brinden la imagen campestre, con las comodidades de la ciudad y los costos reducidos de lo estandarizado.
Las estructuras prefabricadas:
Una de las ventajas de este procedimiento está en que los elementos se fabrican en serie con todas las garantías de la producción en cadena, con trabajadores cualificados para el ensamble, plazos de entrega y costes cerrados, sin sorpresas ni retrasos.
El producto obtenido asegura, calidad, durabilidad, rapidez, e incluso seguridad laboral, ya que el trabajo de planta reduce el riesgo de accidentes en obra.
No obstante las ventajas, este recurso ha tenido dificultades en ser adoptado.
Actualmente se ha comenzado a construir conjuntos residenciales prefabricados en algunos países como España. Los expertos aducen que el principal impedimento para la adopción de este sistema constructivo, radica en las tradiciones culturales, pues cada pueblo tiene su modo de construir.
Todos los detalles constructivos, como las canalizaciones, instalaciones, etc., deben estar perfectamente definidas en los planos constructivos. Los gastos se invierten, destinando la mayor suma a materiales constructivos, y la menor a la mano de obra, con lo cual rompe con muchos de los esquemas habituales en la construcción, donde el principal gasto, lo constituía la mano de obra, y el arquitecto dejaba muchos detalles sin resolver hasta el último momento.
Los prejuicios también han jugado en contra de la adopción de este sistema constructivo, pues se lo ha asociado tradicionalmente con construcciones de emergencia, instalaciones industriales, y demás.
Libertad creativa:
Actualmente, las técnicas alcanzadas, posibilitan la ejecución de cualquier proyecto imaginable, sin limitaciones estéticas, como las que existían a comienzos de esta técnica. La imagen de las construcciones soviéticas quedó muy atrás. Hoy en día, países como Holanda, construyen en la modalidad prefabricada, lo cual suma a las ventajas ya mencionadas, el ahorro de tiempo y complicaciones que significa no tener que hormigonar en ese clima tan húmedo, donde el proceso de secado del hormigón lleva alrededor de 28 días.
El empleo de elementos estructurales prefabricados, permite entre otras ventajas, el aumento de las luces a salvar, y por consiguiente una distribución en planta mucho más flexible.
Mayor resistencia:
Las empresas que fabrican estos elementos aseguran que sus productos reducen enormemente los plazos de entrega de las obras, y que garantizan el cumplimiento de los cronogramas y presupuestaciones previas, sin tener que preocuparse por las condiciones climáticas, ni por imponderables.
Una desventaja de este sistema constructivo la constituye el transporte, esto lleva a los fabricantes a buscar lograr las soluciones más livianas. El empleo de placas alveolares representa una solución, pues permiten la rigidez estructural con una relación de vacío-lleno óptima.